El Casino de Rabassada
Cuando un viajero transcurre por la carretera de la Rabassada que conecta Barcelona con Sant Cugat del Vallès a través del paraje de Collserola; puede ver entre los arbustos y maleza las ruinas de un edificio que, en su época de esplendor, fue el máximo exponente del lujo, el ocio y la sofisticación de España. Estamos hablando de los restos pétreos del célebre Casino y Gran Hotel de la Rabassada. El Casino de la Rabassada fue uno de los proyectos más ambiciosos, extravagantes y efímeros de la Cataluña de principios del siglo XX. Ubicado en los hermosos parajes de las sierra de Collserola, este complejo simbolizo como pocos el espíritu de la modernidad, la opulencia y la contradicción de la ciudad condal durante la Bella Époque. Aunque hoy apenas quedan restos físicos, su memoria sigue muy viva como un mito urbano ligado al esplendor, al escándalo y a la decadencia.
Los orígenes del Casino de Rabassada: Un sueño burgués: auge y esplendor
Antes de analizar el origen de este icónico casino, es importante contextualizar el momento en el que fue edificado. Durante finales del siglo XIX y comienzos del XX, la ciudad de Barcelona vivía una etapa de gran transformación. Como principal polo industrial de España, la ciudad condal de la época había generado una pudiente clase burguesa que buscaba exhibir su riqueza y su sofisticación cultural. El Modernisme catalán se podía palpar en la arquitectura, el urbanismo y las artes. De hecho, en aquellos tiempos la ciudad de Barcelona proyectaba una imagen exterior de capital moderna europea. Una urbe equiparable por su arquitectura, urbanismo y vida social a la de ciudades como Londres, París, Viena o Milán. Con este trasfondo, era de esperar que la demanda de espacios de ocio exclusivos creciera como las burbujas del cava catalán: teatros, cafés, balnearios, parques de atracciones y, por supuesto, casinos. El Tibidabo ya se había consolidado como la zona de recreo mas importante de la ciudad, gracias al funicular, el tranvía azul y al parque de atracciones inaugurado en 1901. Algo más apartada y en lugar rodeado de bosques salvajes, la Rabassada ofrecía un espacio natural ideal para un proyecto mucho más audaz. El complejo comenzó con la construcción de un gran hotel de lujo en 1899 en un promontorio desde el que se podía observar toda la ciudad condal y gran parte del litoral mediterráneo.
El objetivo de sus promotores no iba a ser nada modesto: construir un complejo que reuniera hotel, restaurante, ocio y recreo bajo un mismo paraguas. Además, el proyecto debía ser a imagen y semejanza que la de los grandes centros de entretenimiento europeos de la época. La culminación de este impulso expansivo llegó en 1911, cuando el complejo se amplió para albergar un casino diseñado por el famoso arquitecto Andreu Audet i Puig. Con un presupuesto faraónico -se habla de 2,5 millones de pesetas, una suma descomunal para la época (según la inflanción, entre 20 y 30 millones de $ actuales)- el Casino de la Rabassada abrió por primera vez sus puertas el 15 de julio de 1911. A la ceremonia de apertura acudieron más de 300 invitados entre aristócratas, industriales, banqueros y otras élites procedentes de toda Europa. El conjunto ofrecía salas de juego, restaurante con chefs franceses, un teatro, salones VIP, música en vivo y jardines exóticos que completaban la experiencia de lujo. Además, se construyó un parque de atracciones inspirado en modelos como los de Londres o París, con atracciones como el Scenic Railway (una montaña rusa que se extendía varios kilómetros entre túneles y cascadas artificiales). Para facilitar el acceso de la clientela, incluso se inauguró en esos mismos años una línea de tranvía desde el centro de Barcelona hasta las puertas del casino, consolidando el lugar como un epicentro de ocio al que llegaban tanto vehículos particulares como transporte público.
El declive precoz del Casino de Rabassada: leyes, economía y política
A pesar de su imponente arranque, el sueño no tardó en desmoronarse. Durante la Belle Époque, los conflictos políticos, sociales y morales están a la orden del día. Por ello, las autoridades comenzaron a perseguir los juegos de azar en España. Cuando el casino solo llevaba un año funcionando, en 1912, todas las salas de juego del país tuvieron que cerrar tras su prohibición oficial. Esto tuvo un duro impacto en las arcas del complejo, ya que el casino era su principal fuente de ingresos. Aunque el hotel y el resto de instalaciones siguieron operando por un tiempo, lo cierto es que la viabilidad del proyecto quedó seriamente comprometida. La falta de ingresos, unida a problemas financieros internos, llevó a la quiebra de la sociedad que gestionaba el complejo en 1913. Los años posteriores tampoco fueron nada halagüeños. Para 1919, en plena dictadura de Miguel Primero de Rivera, se intensificó la prohibición de los juegos de azar y se clausuraron definitivamente las actividades lúdicas del casino. El cierre del hotel en 1934 marco el final de este ambicioso proyecto que había aspirado a ser la joya del ocio en Europa.
Con el estallido de la Guerra Civil en España (1936-1939), el complejo (ya abandonado y en franca decadencia) fue utilizado para fines militares civiles. Algunas de sus antiguas dependencias fueron empleadas como refugios antiaéreos. También se usaron otros espacios como cuarteles para alojar a tropas en tránsito. Cuando el conflicto llego a su fin, era más que evidente que el deterioro del complejo se había acelerado. De ahí, que el propietario del complejo (tras verificar que era imposible reactivar el lugar) tomara la decisión de demolerlo entre los años 1942 y 1943. Solo quedaron en pie fragmentos de muros, escalones, arcos, fuentes y unas pocas esculturas, escondidos entre la vegetación que rápidamente fue reclamando su terreno. En la actualidad, las ruinas están escondidas entre la maleza y solo se pueden apreciar algunos fragmentos aislados -la fachada de acceso al hotel, restos de estructuras de piedra, etc.- que evocan la magnificencia del pasado.
Casino de Rabassada: mitos, leyendas y misterios
La combinación de lujo desmesurado, caída abrupta y abandono prolongado ha alimentado desde hace décadas múltiples leyendas alrededor del casino. Algunas de estas historias se han difundido tanto en la cultura popular como en publicaciones digitales o recorridos informales entre aficionados al misterio:
a) La habitación del suicidio: una de las leyendas más persistentes afirma que el casino contaba con una sala especial destinada a quienes, arruinados por el juego, decidían quitarse la vida. Algunos relatos incluso hablan de una habitación con un arma de fuego esperando a los desesperados. No hay pruebas documentales de la existencia de una habitación del suicidio, pero este mito encaja a la perfección con la imagen de decadencia que se asocia al lugar.
b) Enriqueta Martí y otros personajes oscuros: también se ha difundido la idea de que personajes célebres y siniestros de la Barcelona de principios del siglo pasado (Por ejemplo, Enriqueta Martí, una asesina en serie) habría frecuentado el casino. Esta conexión (sin hechos comprobados) ha contribuido al aura siniestra del lugar.
c) Fenómenos paranormales: existen testimonios recientes de visitantes que aseguran haber escuchado voces extrañas o captado psicofonías, así como haber visto figuras espectrales de época entre las ruinas. Aunque estos relatos no tienen base científica, forman parte del repertorio de historias de fantasmas que rodean a edificios abandonados.
d) Relatos de fusilamientos: algunas versiones populares afirman que durante la Guerra Civil se realizaron fusilamientos en las instalaciones. Estas historias se mezclan con el imaginario colectivo sin pruebas firmes, pero contribuyen al aura de tragedia y misterio que acompaña al lugar.
De la Rabassada al casino online: un cambio de paradigma
El Casino de la Rabassada es un símbolo de cómo ha evolucionado nuestra relación con los juegos de azar. A principios del siglo XX, el casino era un espacio exclusivo, casi ceremonial, al que solo unos pocos podían acceder. El desplazamiento físico, la vestimenta elegante y el ritual social formaban parte esencial de la experiencia. Hoy, más de un siglo después, el panorama ha cambiado radicalmente. Los casinos online han transformado por completo la forma de jugar. Ya no es necesario viajar a un lugar remoto ni vestir de gala: basta con un dispositivo conectado a internet para acceder a cientos de juegos de casinos online desde cualquier lugar del mundo. Las ruletas en vivo, las tragamonedas de casinos en vivo y las mesas virtuales están al alcance de nuestra mano. Comparar el Casino de la Rabassada con los casinos en vivo nos permite comprender mejor los cambios sociales y tecnológicos de nuestro tiempo. Mientras que el primero era un punto de encuentro físico, social y elitista, los casinos en línea apuestan por la inmediatez, la accesibilidad y la personalización. El jugador moderno busca comodidad, variedad y rapidez, valores impensables en la Barcelona de 1911. Sin embargo, ambos comparten un elemento esencial: la atracción por el riesgo, la emoción de lo imprevisible y la esperanza de la fortuna. En ese sentido, el espíritu del antiguo casino sigue vivo, aunque haya cambiado de forma y de escenario.
El Casino de la Rabassada es el máximo exponente de una época en la que el juego, el ocio y la modernidad se vivían de manera intensa y casi teatral en Barcelona. Hoy, los casinos en línea han tomado el relevo, adaptándose a un mundo digitalizado y global. Aunque las formas cambian, la esencia sigue siendo la misma: la búsqueda de emociones fuertes, de fortuna y de algo que rompa con la rutina diaria. Quizás por eso la Rabassada todavía despierta tanto interés. Al fin y al cabo, nos recuerda que detrás de cada ficha, cada apuesta y cada ruina abandonada, hay historias humanas que merecen ser contadas. Y mientras exista esa curiosidad, el misterio del Casino de la Rabassada seguirá vivo, flotando entre los árboles de Collserola y la memoria colectiva de Barcelona.